Reciclaje útil en su máximo esplendor

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El templo del millón de botellas o Wat Pa Maha Chedi Kaew, se encuentra en Tailandia y no es un lugar común, pues al llegar, se puede apreciar su estructura verde transparente, su espectacular pagoda y su diseño distintivo. La luz del sol reflejándose en toda la construcción y las imágenes de Buda, entre otros aspectos, son atractivos que complementan su asombrosa construcción. Sus tejados, muros, columnas y elementos decorativos están con botellas de vidrio (absolutamente todo), en un ejemplo de reciclaje útil.

Ubicado en la provincia tailandesa de Sisaket, se encuentra a 640 kilómetros de Bangkok y cerca de la frontera con Camboya, empezó a construirse en 1984 con botellas de Heineken.

 

Todo comenzó como una idea para la decoración de las habitaciones de los monjes, pero finalizó en un conjunto de hasta 20 edificios a base de botellas Heineken, en el que la mayoría de la población se involucró, llevando sus botellas como aporte.

 

El resultado desenlazó en el uso de alrededor de 1.5 millones de botellas Heineken. Las botellas son un material de construcción ecológico y barato, que conserva su fortaleza y color, aportan buena iluminación y resultan fáciles de limpiar.

¿Cómo se gestó este proyecto?

 

Aunque no es un proyecto de Heineken como tal, se fusiona con nuestros valores, visión y compromiso con la sustentabilidad, aportando al involucramiento y crecimiento de las comunidades, pues el espíritu creativo de Alfred Heineken fue mucho más allá del Marketing y la Publicidad; también tenía ideas progresistas sobre el reciclaje, cuya inspiración provino de una visita a las Antillas Holandesas a principios de los años 60, donde quedo asombrado por la cantidad de basura desechada proveniente de las islas. Parte de ese desperdicio, fueron sus botellas de cerveza, razón por la cual decidió poner manos a la obra.

 

Heineken se acercó al arquitecto John Habraken, director de la Fundación para la Investigación de Arquitectos (SAR), con la idea de diseñar una botella reutilizable que pudiera servir como bloque de construcción después de su uso, la conocida botella WOBO y emblema de Heineken con la que ahora estamos familiarizados, una botella de lados planos, provista de relieve y fondo cóncavo. De aquí, surge el que nuestras botellas tengan una vida útil secundaria y aprovechable para muchas aplicaciones.

 

Así desde tiempos remotos, adquirimos nuestro espíritu sustentable, brindando siempre un mundo mejor.

 

 

 

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